La misma fue inaugurada en 1982 y construida con fondos de la Secretaría de Deportes de la Nación
A pesar de los reiterados reclamos de la comunidad de escaladores y escaladoras, el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires avanzó este lunes con la demolición de la Palestra Nacional de Andinismo, ubicada dentro del predio del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (Cenard). El histórico muro de escalada —con cuatro décadas de trayectoria y reconocido como uno de los más relevantes de América Latina por su dimensión y calidad técnica— comenzó a ser destruido para habilitar la ampliación del Puente Labruna, en el barrio de Núñez. La decisión se ejecutó aun cuando existían presentaciones judiciales en curso y sin que las asociaciones obtuvieran respuestas de fondo por parte del Ejecutivo porteño.
Desde temprano, maquinaria pesada y operarios contratados por Autopistas Urbanas S.A. (Ausa), empresa responsable de la obra vial, ingresaron al predio ubicado sobre la avenida Lugones, bajo un operativo que incluyó la presencia de la Policía de la Ciudad. El despliegue tuvo como objetivo impedir cualquier intento de frenar los trabajos por parte de la comunidad de escaladores, que llegó al lugar tras ser alertada por el movimiento de las máquinas. Para entonces, la sorpresa ya era irreversible: la demolición había comenzado por la base del muro, donde se retiraba el revestimiento de piedra natural que distingue a la palestra como una estructura única en la región.
El muro, de 17 metros de altura y 40 metros de ancho, está recubierto con roca extraída de canteras de San Luis en la década de 1980, dispuesta para reproducir la morfología de una pared montañosa real. Sin embargo, ese valor patrimonial, deportivo y formativo no fue obstáculo para que las máquinas avanzaran primero sobre la roca y luego sobre la estructura de hormigón, marcando el inicio de su eliminación total.
La comunidad afectada denunció públicamente el accionar a través de redes sociales, acompañando los mensajes con imágenes y videos del avance de la demolición. Según afirmaron, Ausa y la empresa contratista ingresaron al predio “sin que exista permiso de obra visible ni señalización que indique que los trabajos estén habilitados”. También señalaron que la intervención policial respondió más a una estrategia de contención social que a una instancia de diálogo: “No sabemos qué puerta hay que tocar para que se haga algo”, expresaron.

Las organizaciones subrayaron, además, que la demolición se inició sin una sentencia firme en la causa judicial iniciada a partir de un amparo presentado a comienzos de año para frenar el proyecto. Si bien en mayo la Justicia había dispuesto una suspensión provisoria de la obra, esa medida fue luego revertida, sin que hasta el momento exista una resolución definitiva sobre el fondo del conflicto. Aun así, el Gobierno porteño optó por avanzar, ignorando el principio de prudencia que suele regir en este tipo de disputas.
Para los escaladores y escaladoras, la decisión representa “el acto más cruel que se puede cometer: destruir algo que funciona, que genera desarrollo comunitario y que cumple un rol clave en la formación de montañistas, guías y fuerzas de seguridad”. La frase sintetiza el malestar de un sector que se siente sistemáticamente desplazado frente a una obra de infraestructura priorizada sin instancias reales de consenso. Aunque la palestra se encuentra dentro del predio del Cenard, su administración depende de la Ciudad por una cuestión catastral. Esa ambigüedad fue uno de los ejes del conflicto: los usuarios incluso intentaron canalizar el reclamo ante la Secretaría de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, conducida por Daniel Scioli, que en un primer momento prometió intervenir, pero luego se desligó del tema argumentando que las tierras son jurisdicción porteña.
Desde el área de Deportes del GCBA, actualmente a cargo de Fabián Turnes, aseguran que actuaron como mediadores, pese a que la obra depende formalmente de Ausa. Como resultado de esas gestiones, destacan la firma de un convenio en febrero para construir una nueva palestra en el Parque Olímpico, que —según el Gobierno— tendría características similares a la actual. La comunidad de escaladores, sin embargo, cuestiona esa versión: advierten que el nuevo espacio estará ubicado en el extremo opuesto de la ciudad y que difícilmente pueda replicar la calidad técnica, el valor histórico y la identidad construida durante décadas en la Palestra Nacional de Andinismo.

