Desde 1985 el edificio de Holmberg 2614 alberga una sede de la Universidad de Buenos Aires pero conserva una historia industrial que muchos estudiantes desconocen
Miles de estudiantes ingresan cada año a la sede Drago del Ciclo Básico Común (CBC) de la Universidad de Buenos Aires sin imaginar que, antes de convertirse en aulas y espacios de estudio, el edificio fue una fábrica de golosinas. Allí, durante casi cuatro décadas, se elaboraron los famosos Chiclets Adams, una de las marcas de chicles más populares de la Argentina.
La planta funcionaba en Holmberg 2614, en Coghlan, a pocos metros de la estación Luis María Drago del ferrocarril Mitre. Inaugurado en 1942, el establecimiento se convirtió en parte de la identidad de la zona por una característica difícil de olvidar: el aroma que escapaba de sus instalaciones y se extendía por varias cuadras. Los vecinos de aquella época recuerdan que el aire cambiaba según la producción del día.
A veces predominaba la menta; otras, el tutti-frutti o los aromas frutales. La fragancia era tan intensa que quienes viajaban en tren podían reconocer la cercanía de la estación por el olor que llegaba desde la fábrica. La actividad industrial también dejó recuerdos ligados a la vida cotidiana de las familias. Según testimonios de antiguos vecinos, al finalizar algunas jornadas un operario salía con un canasto de chicles y caramelos que no podían comercializarse por defectos de fabricación o de envoltorio y los repartía entre los chicos del barrio.
Hacia fines de la década de 1970, Adams trasladó su producción a Escobar y dejó el establecimiento. El inmueble quedó expuesto a un destino incierto, en un contexto en el que incluso se contemplaba su demolición por su vinculación con el trazado de la proyectada AU3. Sin embargo, en 1985 comenzó una nueva etapa. El edificio fue incorporado a la Universidad de Buenos Aires y adaptado para el funcionamiento del Ciclo Básico Común.
La sede recibió el nombre de Leónidas Anastasi, aunque popularmente se la conoce como Drago por su proximidad con la estación ferroviaria. El cambio fue profundo: las instalaciones que habían albergado máquinas y líneas de producción pasaron a recibir estudiantes, docentes y personal universitario. La estructura industrial, no obstante, sobrevivió a la transformación y permitió que el inmueble conservara parte de su identidad original.
Actualmente, la sede forma parte de la red de establecimientos donde se cursan materias del CBC de distintas carreras de la UBA. Su función educativa la convirtió en un punto de referencia para generaciones de jóvenes que comienzan allí su recorrido universitario. Para quienes conocieron la fábrica, Holmberg 2614 sigue asociado al perfume de los chicles, al movimiento de los trabajadores y a aquellas golosinas que formaban parte de la infancia. Para los estudiantes actuales, en cambio, es un lugar de cursada, exámenes y primeros pasos en la universidad.
La transformación resume una parte de la historia urbana de Buenos Aires: edificios que pierden su función productiva y encuentran nuevos usos sin desaparecer del paisaje barrial. En Coghlan, la antigua fábrica Adams cambió el aroma de sus instalaciones por el movimiento cotidiano de las aulas. Pero su historia permanece en la memoria de los vecinos y en un edificio que, desde hace más de cuatro décadas, tiene a la educación pública como protagonista.




