Puente Ciudad de la Paz–Soler: entre la disputa política y la defensa vecinal de un conflicto sin resolución

El puente fue reabierto en marzo del 2025 y la polemica se centra en su funcionalidad, estructurta y conservacion como patrimonio historico
A más de un año de su reapertura, la estructura que une Colegiales y Palermo sigue operativa con restricciones mientras persisten las tensiones entre el Gobierno porteño, la Justicia y organizaciones barriales

A más de un año de su reapertura, el puente de Ciudad de la Paz y Soler continúa en el centro de una disputa que excede lo estructural y se instaló de lleno en el terreno político y vecinal. La estructura, que atraviesa las vías del ferrocarril Mitre y conecta los barrios de Colegiales y Palermo, permanece habilitada con restricciones, mientras su futuro sigue sin definiciones.

Tras haber estado cerrado durante más de dos años, el puente fue reabierto en marzo de 2025 con circulación limitada a vehículos livianos, motos y peatones. Desde el inicio, el Gobierno de la Ciudad planteó que se trataba de una solución transitoria, acompañada por un proyecto para construir una nueva estructura que reemplace a la actual.

La iniciativa oficial, impulsada con participación de Autopistas Urbanas S.A. (AUSA), propone levantar un nuevo puente que mejore las condiciones de seguridad y circulación. Como alternativa, contempla preservar el puente histórico mediante su eventual traslado, una opción que generó un fuerte rechazo en el entorno barrial.

Organizaciones vecinales, especialistas en patrimonio y residentes de la zona cuestionaron desde el inicio la propuesta, al considerar que el puente —inaugurado en 1916— forma parte de la identidad urbana y no debe ser removido de su emplazamiento original. Además, sostienen que existen alternativas técnicas para su refuncionalización sin necesidad de reemplazarlo.

Los vecinos pilar fundamental de su conservacion

El conflicto escaló con la intervención del Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales, que rechazó quitarle la protección histórica a la estructura, y con una posterior medida judicial que suspendió cualquier intento de demolición. De esta manera, el proyecto oficial quedó momentáneamente frenado, a la espera de nuevas definiciones.

Mientras tanto, el puente sigue funcionando bajo condiciones limitadas, en un equilibrio precario entre su uso cotidiano y las disputas sobre su destino. Para los vecinos, el caso se convirtió en un símbolo de participación y defensa del patrimonio; para el Gobierno porteño, en un desafío de gestión que combina infraestructura, seguridad y planificación urbana.

Sin avances concretos en los últimos meses, el futuro del puente Ciudad de la Paz–Soler permanece abierto, reflejando una tensión más amplia entre desarrollo urbano y preservación histórica en la Ciudad de Buenos Aires.

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