De aquellas quintas y caminos surgió un barrio que después creció alrededor del ferrocarril, el mercado y los loteos
Colegiales cumple este lunes 21 de septiembre un nuevo aniversario. Son 163 años según la fecha conmemorativa que adoptó la Ciudad, aunque detrás de ese número existe una historia bastante más compleja que la de una fecha de fundación. Porque Colegiales no nació de un acto único, ni comenzó exactamente el 21 de septiembre de 1863.
El origen de ese día está relacionado con los estudiantes que durante el siglo XIX pasaban sus vacaciones en una antigua quinta de la zona y, especialmente, con uno de ellos: Miguel Cané, quien ingresó al Colegio Nacional de Buenos Aires en 1863 y años después dejó aquellos recuerdos plasmados en Juvenilia.

La fecha quedó finalmente establecida por la Ley 1.060, sancionada por la Legislatura porteña en septiembre de 2003, que instituyó el 21 de septiembre como “Día del Barrio de Colegiales”. La elección tuvo también una razón simbólica: coincide con el Día del Estudiante. Así, cada 21 de septiembre el barrio celebra su aniversario. Pero para entender por qué se llama Colegiales hay que retroceder varios siglos.
Las tierras que hoy ocupan Colegiales y barrios vecinos tuvieron durante el período colonial una historia ligada a las propiedades de los jesuitas. Entre los siglos XVII y XVIII, la orden religiosa fue incorporando terrenos en esta zona y desarrolló allí actividades agrícolas. El lugar llegó a conocerse como la Chacarita de los Jesuitas. Después de la expulsión de los jesuitas en 1767, parte de esas tierras pasó a la administración estatal. Las instalaciones comenzaron a ser utilizadas como lugar de descanso por los alumnos del colegio que con el tiempo se convertiría en el Colegio Nacional de Buenos Aires.
Fue entonces cuando apareció una denominación que terminaría atravesando los siglos: la Chacarita de los Colegiales. Los alumnos abandonaban Buenos Aires durante el verano y se trasladaban hacia las quintas. El recorrido desde la ciudad tenía como uno de sus caminos principales al antiguo Camino del Norte, actual avenida Cabildo. Desde allí se internaban hacia las chacras por caminos secundarios. Uno de ellos terminaría asociado al nombre de aquellos jóvenes y daría origen, con el tiempo, a la actual avenida Federico Lacroze.
Miguel Cané y la memoria de una Buenos Aires rural
Hay una particularidad que convierte a Colegiales en un caso poco habitual entre los barrios porteños: parte de su historia quedó contada por uno de sus protagonistas. Miguel Cané fue alumno del colegio entre 1863 y 1868. En Juvenilia, publicada en 1884, recordó las experiencias de aquellos años y las jornadas que los estudiantes pasaban en las quintas de la Chacarita de los Colegiales.

El paisaje que aparece detrás de esos recuerdos tiene poco que ver con el actual. No había edificios de departamentos, tránsito intenso ni corredores gastronómicos. Había quintas de verduras, tambos, hornos de ladrillos, caminos de tierra y grandes terrenos sin urbanizar. La actual Colegiales era todavía una zona de transición entre la ciudad y la campaña. Incluso mucho después, cuando el barrio comenzó a consolidarse, la actividad rural siguió formando parte de su identidad.
La fecha que divide a los historiadores
Por eso, decir que Colegiales “nació” el 21 de septiembre de 1863 requiere una aclaración. La propia Legislatura porteña señala que esa fecha es cuestionada por algunos historiadores, que consideran más significativo otro momento: el 16 de octubre de 1888, cuando una ley nacional autorizó el loteo y venta de terrenos de la antigua Chacarita de los Colegiales. Es una diferencia importante.
1863 permite explicar el origen del nombre y la tradición estudiantil. 1888 permite señalar un momento concreto dentro del proceso de urbanización y loteo que convertiría aquellas antiguas tierras de quintas en un sector cada vez más integrado a la ciudad. No se trata, entonces, de elegir arbitrariamente una fecha y descartar la otra. Son dos momentos diferentes de una misma transformación. Y la Ciudad terminó eligiendo el primero como fecha conmemorativa.
El ferrocarril cambia el paisaje
La transformación de Colegiales se aceleró durante las últimas décadas del siglo XIX. El ferrocarril fue fundamental. En 1898, la denominación “Colegiales” fue utilizada para una estación del entonces Ferrocarril Buenos Aires a Rosario, actualmente vinculada al ramal José León Suárez del Ferrocarril Mitre. La conexión ferroviaria ayudó a integrar la zona a una Buenos Aires que se expandía rápidamente.
Por entonces, el paisaje seguía conservando buena parte de su carácter productivo. Las quintas de verduras, los tambos y los hornos de ladrillos convivían con las nuevas vías y con una urbanización que avanzaba desde distintos sectores. Hasta 1908, además, la actual avenida Federico Lacroze se llamó oficialmente Colegiales, otra huella de aquel antiguo nombre que había nacido alrededor de los estudiantes. El barrio empezaba a dejar atrás definitivamente su pasado rural.
De las quintas al mercado
Pero hubo otra actividad que marcó profundamente la identidad de Colegiales durante el siglo XX: el abastecimiento de alimentos. En 1930 quedó organizado en la zona el Mercado Concentrador Municipal Dorrego, que ocupó varias manzanas vinculadas al ferrocarril y recibió la producción de los quinteros de los alrededores.
Durante décadas, aquel mercado fue parte de la dinámica económica del barrio y de la ciudad. Los productos que antes llegaban desde las quintas cercanas encontraron allí un punto de concentración y distribución. El mercado funcionó hasta la apertura del Mercado Central, en la década de 1980. La transformación posterior sería otra de las grandes vueltas de la historia de Colegiales.
El Mercado de Pulgas y otra vida para el viejo predio
En 1988, una parte de aquel antiguo espacio fue recuperada y transformada en un mercado inspirado en los tradicionales mercados de pulgas europeos. Así nació la nueva etapa del Mercado de las Pulgas, que convirtió el predio en un lugar dedicado a antigüedades, muebles, objetos de colección y piezas de decoración. El mercado atravesó luego cierres, remodelaciones y distintas etapas hasta recuperar su funcionamiento en su emplazamiento histórico. En 2024, la Legislatura porteña lo declaró Sitio de Interés Cultural. Hoy, casi un siglo después de aquella etapa como mercado de frutas y verduras, el mismo sector vuelve a experimentar una transformación.

Un nuevo espacio verde para un barrio que sigue cambiando
En 2026, junto al Mercado de las Pulgas, la Ciudad avanza con la construcción de una nueva plaza sobre un antiguo playón de estacionamiento. El proyecto ocupa unos 2.101 metros cuadrados e incluye nuevas áreas verdes, iluminación, conectividad peatonal y la plantación de 50 árboles. La intervención se conecta con las plazas Mafalda y Clemente y, según el Gobierno porteño, beneficiará a más de 70.000 vecinos del entorno.
Es una imagen bastante representativa de cómo fue cambiando Colegiales. Donde alguna vez hubo producción agrícola, después funcionó un gran mercado de abastecimiento y más tarde un estacionamiento, ahora aparece un nuevo espacio público. La historia vuelve a cambiar de escenario sin borrar completamente las huellas anteriores.
El ferrocarril también dejó un parque
Algo similar ocurre en otro sector del barrio. El Parque Ferroviario Colegiales ocupa un antiguo predio vinculado a las vías del Mitre, entre Virrey Olaguer y Feliú, Moldes, Federico Lacroze y el ferrocarril.
El espacio tiene 24.000 metros cuadrados, de los cuales más de 18.000 corresponden a suelo absorbente. La intervención incorporó 304 árboles a los 86 existentes, iluminación LED y nuevo mobiliario, además de conservar elementos vinculados con el patrimonio ferroviario. Es otra transformación significativa: terrenos que durante décadas estuvieron asociados a la infraestructura ferroviaria adquieren nuevos usos urbanos sin perder completamente su memoria.
El Colegiales de 2026
El barrio que hoy celebra su aniversario está muy lejos de aquella Chacarita de quintas y estudiantes. Colegiales forma parte de la Comuna 13 junto con Belgrano y Núñez y ocupa actualmente unos 2,3 kilómetros cuadrados. Sus límites oficiales están determinados por Álvarez Thomas, Forest, De los Incas, Elcano, Crámer, Virrey del Pino, Cabildo, Jorge Newbery y Dorrego.
En sus calles conviven casas antiguas y edificios recientes, comercios tradicionales y nuevos emprendimientos, gastronomía, actividad audiovisual, espacios culturales, plazas y grandes corredores de circulación, los nuevos parques y espacios verdes que vuelven a modificar el paisaje. Por eso, los 163 años de Colegiales no cuentan simplemente la edad de un barrio.
Cuentan la transformación de un territorio que pasó de las chacras a las vías, de las quintas al mercado, del mercado a las antigüedades y de los antiguos terrenos ferroviarios y playas de estacionamiento a nuevos espacios públicos. La celebración del 21 de septiembre tiene, entonces, una particularidad: el barrio festeja una fecha que recuerda su pasado, mientras continúa escribiendo su historia. Y quizás allí esté la mejor manera de entender a Colegiales en 2026: no como un barrio que dejó atrás su historia, sino como uno que todavía la lleva incorporada en sus calles.



