La transformación del antiguo sector de Belgrano en el actual Barrio Chino reconfiguró su identidad urbana y desplazó su vida tradicional
Antes de los faroles rojos, los carteles bilingües y el arco ornamental que hoy funciona como postal obligada, el sector comprendido por Arribeños, Mendoza y Montañeses era un tramo residencial más de Belgrano. Sin identidad temática ni atractivo turístico, el área formaba parte del paisaje clásico del norte de Buenos Aires: casas bajas, comercios de cercanía y una rutina marcada por la vida vecinal.
Durante buena parte del siglo XX, la actividad comercial se concentraba sobre la calle Juramento, mientras Arribeños permanecía al margen del circuito principal. No había supermercados orientales, restaurantes especializados ni templos que definieran un perfil cultural específico. El pulso cotidiano lo marcaban los almacenes tradicionales, las panaderías de barrio y el tránsito habitual hacia la estación Belgrano C del Ferrocarril Mitre, utilizada por los vecinos para desplazarse a sus trabajos o realizar compras en otras zonas.

La transformación comenzó hacia fines del siglo pasado, con la llegada de inmigrantes taiwaneses que eligieron el barrio para instalarse. Lo que inicialmente fue un proceso de asentamiento comunitario derivó, con el paso de los años, en una reconfiguración urbana de mayor escala. La apertura de supermercados y restaurantes asiáticos consolidó una identidad diferenciada que, con el tiempo, sería capitalizada como atractivo cultural y gastronómico.
Sin embargo, el crecimiento no estuvo exento de tensiones. La progresiva tematización del espacio público, la instalación de símbolos orientales y la promoción turística modificaron no solo la fisonomía del lugar, sino también su dinámica social. El antiguo ritmo residencial dio paso a una circulación constante de visitantes, especialmente los fines de semana, cuando miles de personas recorren la zona en busca de experiencias gastronómicas y culturales.

La metamorfosis plantea interrogantes sobre el equilibrio entre identidad comunitaria y explotación comercial. Lo que alguna vez fue un sector tranquilo, integrado al entramado tradicional de Belgrano, se convirtió en un enclave de consumo cultural que redefine su relación con los vecinos históricos. Hoy, el llamado Barrio Chino es uno de los polos más visitados de la ciudad. Pero bajo la superficie colorida y festiva persiste el recuerdo de un barrio que, antes de convertirse en marca urbana, era simplemente eso: un barrio.

