El nuevo esquema incluye cambios en la recolección, tecnología, separación de residuos y reducción de la basura generada
La Ciudad de Buenos Aires avanza en la definición del próximo sistema de higiene urbana, que estará contemplado en un contrato de concesión por 10 años. El Gobierno porteño convocó a una audiencia pública para debatir las características del nuevo servicio, que tendrá impacto tanto en la recolección de residuos como en la organización cotidiana de los barrios. El futuro esquema incluye cuestiones vinculadas con la recolección, la incorporación de tecnología para medir y controlar el servicio, la separación en origen y la necesidad de reducir la cantidad de residuos.
El arquitecto urbanista Andrés Borthagaray señaló que los pliegos de higiene urbana constituyen uno de los contratos de mayor peso para la Ciudad, tanto por su dimensión presupuestaria como por su incidencia directa en la vida cotidiana. Se trata de un servicio que se desarrolla todos los días y que requiere una organización permanente para garantizar la limpieza del espacio público.
Uno de los aspectos centrales del debate está relacionado con la forma en que se organizará la recolección y con las inversiones necesarias para mejorar el sistema. Entre las alternativas aparece la instalación de contenedores soterrados, una solución que requiere una inversión importante en infraestructura y obra civil. Frente a ese modelo, también se analiza la posibilidad de mejorar el funcionamiento del sistema mediante una mayor organización y modificaciones en la gestión de los contenedores.
En ese punto, Borthagaray plantea la diferencia entre una alternativa intensiva en obra civil y otra basada principalmente en la organización y los hábitos. El primer modelo implica realizar obras que luego deben ser amortizadas durante el período de concesión, mientras que el segundo apunta a lograr un servicio más eficiente mediante cambios en la forma de funcionamiento.
Una de las experiencias mencionadas es la de Puerto Madero, donde se prevé una modalidad de retiro de los contenedores que podría servir como referencia para analizar su extensión a otros sectores de la Ciudad. El debate, de esta manera, no se limita a definir qué equipamiento tendrá el nuevo sistema, sino también cómo se organizará el servicio durante los próximos diez años.
Otro de los componentes previstos es la utilización de herramientas de telemetría, que permitirán obtener información sobre la generación y composición de los residuos y facilitar el seguimiento del funcionamiento del sistema. Contar con datos precisos puede permitir conocer cuánto se genera, qué tipo de residuos componen la basura y cómo evoluciona su separación. Sin embargo advierten que la incorporación de tecnología debe estar acompañada por objetivos concretos.
La medición, en ese sentido, debería estar vinculada con metas previamente establecidas. De lo contrario, existe el riesgo de contar con sistemas capaces de registrar con precisión una situación que no necesariamente responde a los objetivos que debería tener el servicio. La información puede convertirse así en una herramienta para evaluar el cumplimiento de las metas, pero requiere que esas metas estén definidas antes de implementar los mecanismos de control.
El nuevo sistema también deberá contemplar los objetivos establecidos por la Ley de Basura Cero, que plantea la necesidad de disminuir progresivamente el volumen y el peso de los residuos generados en la Ciudad. La reducción de la basura y una mejor separación en origen forman parte de una estrategia que busca disminuir la cantidad de residuos que finalmente requieren tratamiento. En este aspecto, la higiene urbana no depende exclusivamente del funcionamiento de los camiones, los contenedores o las plantas de tratamiento. También intervienen los hábitos de los vecinos y la forma en que los residuos son separados y descartados.
Uno de los objetivos de una gestión sustentable de los residuos debería ser producir la menor cantidad posible de basura allí donde sea posible hacerlo. La generación de residuos es inevitable, pero su reducción constituye una de las tendencias que atraviesan actualmente a las ciudades que buscan avanzar hacia modelos más sustentables.
Un contrato que definirá la higiene urbana durante una década
La discusión sobre el nuevo sistema adquiere particular importancia por la duración del contrato que se encuentra en preparación. Durante 10 años, las condiciones establecidas en los pliegos definirán buena parte de la infraestructura, la tecnología y la organización del servicio de higiene urbana porteño. La audiencia pública constituye una instancia para debatir esas condiciones antes de la definición definitiva del nuevo esquema.
El desafío será establecer un sistema que combine una prestación eficiente del servicio cotidiano con herramientas de control, reducción de residuos y separación en origen. En ese proceso, la infraestructura y la tecnología serán parte de la solución, pero también lo serán la organización del servicio y la participación de los vecinos.


