Belgrano R y una esquina donde la ciudad todavía conserva su identidad

La esquina de Conde y Echeverría en pleno Belgrano R
Entre casas de estilo inglés, árboles, una librería histórica y lugares que guardan memoria, la esquina de Conde y Echeverría muestra una de las caras más singulares de la Comuna 13

Hay esquinas de Buenos Aires que invitan a detenerse. No necesariamente porque allí haya un monumento o una atracción turística, sino porque conservan algo cada vez más difícil de encontrar en una ciudad que cambia a toda velocidad: la sensación de pertenecer a un barrio. La esquina de Conde y Echeverría, en Belgrano R, es una de ellas. Las calles arboladas, las casas bajas, los ladrillos a la vista y algunas construcciones de inspiración inglesa conforman una escena que, por momentos, parece alejarse de la Buenos Aires de las grandes avenidas y acercarse a una postal de Londres.

Pero detrás de esa imagen hay algo más importante que una comparación con Notting Hill. Hay una forma de vivir la ciudad. En pocas cuadras conviven arquitectura, espacios comerciales tradicionales, instituciones educativas, lugares de culto y una comunidad que todavía reconoce en sus calles una identidad propia. Es ese conjunto de elementos el que convierte a Belgrano R en uno de los sectores con mayor personalidad de la Comuna 13.

En la esquina funciona además la Librería Kel, un comercio que aporta otra dimensión al paisaje. En tiempos en los que buena parte de las compras se realizan a través de una pantalla y los comercios tradicionales enfrentan nuevas dificultades, la presencia de una librería a la calle representa también una forma de encuentro. La librería no es solamente parte de la postal. Es un lugar donde se puede entrar, mirar una vidriera, recorrer libros y conversar. Un pequeño espacio de intercambio que contribuye a mantener viva la actividad comercial de proximidad.

Ese tipo de negocios forma parte de una cuestión social que muchas veces queda detrás de las discusiones sobre urbanismo: qué clase de ciudad queremos construir y qué espacios queremos conservar para encontrarnos con otros. En Belgrano R, las veredas arboladas, las casas bajas y los comercios de cercanía generan una escala diferente. El vecino no es solamente alguien que circula de un punto a otro: también puede caminar, detenerse, comprar en el barrio y reconocer a quienes forman parte de esa vida cotidiana.

Estacion Belgrano R – Foto: MAC

La identidad particular de Belgrano R tiene raíces profundas. El antiguo pueblo de Belgrano fue fundado en 1855 y creció al compás de la expansión urbana y ferroviaria. El propio origen de la denominación Belgrano R está relacionado con el antiguo Ferrocarril Buenos Aires a Rosario, que utilizaba esa estación para diferenciarla de Belgrano C. Con el paso del tiempo, la letra comenzó a asociarse popularmente con la palabra “residencial”, una interpretación que terminó coincidiendo con la fisonomía que adquirió el sector.

Incluso antes de consolidarse como una zona de grandes residencias, el área tuvo vínculos con costumbres británicas. En 1857 se inauguró allí el denominado Circo de las Carreras, donde se realizaban carreras de caballos al estilo inglés. Décadas después, las viviendas, jardines, colegios e instituciones terminaron de construir una identidad que todavía puede reconocerse al caminar por sus calles.

La historia de Belgrano R no está solamente en sus fachadas. A pocas cuadras de Conde y Echeverría, en Estomba y Echeverría, la parroquia San Patricio agrega una dimensión mucho más profunda a ese patrimonio barrial. El templo está ligado a uno de los episodios más dolorosos de la historia reciente argentina: el asesinato de cinco religiosos palotinos ocurrido el 4 de julio de 1976.

La parroquia de San Patricio

La presencia de este lugar recuerda que el patrimonio de una ciudad no está compuesto únicamente por edificios bellos o construcciones antiguas. También está formado por las historias, las personas y las memorias que una comunidad decide conservar.

En una Buenos Aires atravesada por transformaciones urbanas, nuevas construcciones, cambios en los hábitos comerciales y una circulación cada vez más intensa, preservar determinados rasgos de un barrio no significa necesariamente congelarlo en el tiempo. Significa, en cambio, defender aquello que permite reconocerlo. Una calle arbolada, una casa de ladrillos, una librería, una escuela, una parroquia o un comercio tradicional pueden parecer elementos aislados. Juntos construyen algo mucho más difícil de reemplazar: una identidad colectiva.

Por eso, Conde y Echeverría puede ser vista como una pequeña síntesis de Belgrano R. La estética inglesa puede llamar la atención y generar la inevitable comparación con Londres, pero lo verdaderamente valioso está en otra parte. Está en la posibilidad de caminar sin apuro, encontrarse con un vecino, entrar a una librería, mirar una casa que sobrevivió al paso de las décadas y reconocer que, aun dentro de una de las ciudades más grandes y dinámicas del país, todavía existen lugares donde la vida cotidiana conserva escala humana. Y quizás esa sea la verdadera postal que Belgrano R tiene para ofrecer.

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